Música

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01 de julio de 2012 • 05:20 • actualizado a las 05:25

El regreso de Charly García o la revolución que sacudió Lima

Foto: Lukas Isaac / Terra Perú

A lo mejor Charly García ya no demuele hoteles con su voz ni baila entre la gente como lo hacía en sus años maravillosos, pero sigue siendo aquel que “cierra y que apaga la luz”. Así lo demostró (una vez más) anoche en el Jockey Club, frente a cerca de 5 mil personas que vibraron con sus obras cumbres, su mítico piano y, sobre todo, con su colosal banda The Prostitutions que se encargó de encubrir algunas falencias de voz y lo acompañó exquisitamente con sus ejecuciones.

Que existían dudas sobre el estado de salud de Charly luego del traspié sufrido en Córdoba, Argentina, es cierto. Muchos dudaban si verían siquiera a un García mantenerse en su sitio o tenían temor de que colapsara en cualquier momento. Nada de eso ocurrió, pues no solamente cantó hasta que su garganta dijo basta, sino que se paseó por el escenario a su antojo y dominó a la masa como solo él lo sabe hacer.

Minutos antes de las 9 y 30 de la noche los asistentes vieron en la pantalla del escenario un repaso visual de la discografía de Charly al lado de los grupos Sui Generis, Serú Girán, La Máquina de Hacer Pájaros y como solista. Luego, el escenario se pintó de verde para anunciar la aparición del rockero y su séquito compuesta por 10 músicos de primera línea. El objetivo era presentar el show “60x60”, un tributo a los 60 años de edad del legendario músico argentino. Todos vestidos con abrigos color beige arrancaron el concierto con el contestatario tema “Cerca de la revolución”.

Si bien se esperaba una asistencia mayoritaria de personas entre 40 y 50 años, sorprendió ver a gran cantidad de jóvenes en sus veintes años que cantaron la contagiante “Funky”, la mítica “Rezo por vos” -en memoria del Flaco Spinetta-, “Pasajera en trance” con su coreado final beatlesco (“all you need is love”), y “Los Dinosaurios”, en la que el trío de cuerdas de The Prostitutions llenó de melancolía la atmósfera por “los amigos del barrio y los cantores de radio desaparecidos”.

Sorprendió a muchos escuchar los acordes de “Rap del Exilio”, pieza fundamental del álbum “Piano Bar” que Charly presentó un lejano 1985 en la hoy extinta Feria del Hogar. Luego de la provocadora “Instituciones”, tema perteneciente a la cantera de Sui Generis, vino la pausa obligada con la exhibición de un corto con escenas del filme “Un perro andaluz”, en la cual durante tres minutos una misteriosa y dramática voz en off acompañaba las imágenes con extractos de las letras más inspiradas de García.

Tras el corto se escucharon los golpes de batería de Toño Silva que abrieron la seductora “Yendo de la cama al living”, cuyo estribillo sonó sublime gracias a la voz de Rosario Ortega (hija menor del también mítico cantante “Palito” Ortega). Ante todos, la joven dio muestras de su talento y superó el reto de sustituir a la histórica corista de Charly, Hilda Lizarazu. “Demoliendo Hoteles” removió los cimientos del Jockey Club y sirvió para que el “Negro” García López pusiera en evidencia que su maestría con la guitarra se mantiene intacta y Fernando Samalea se luciera con el bandoneón.

Junto con el esperado hit radial “Nos siguen pegando abajo”, vino el himno rioplatense de manufactura Serú Girán “No llores por mí Argentina” y la sentida “Eiti Leda” con su final jubiloso. Charly y su banda ensayaron una primera y momentánea despedida para volver luego con “Rock and Roll yo” y “Piano Bar”, para decir nuevamente “adiós” a un público enfervorizado que se resistía a dejar marchar a su héroe de mil batallas. Cinco, ocho, diez... doce minutos tuvieron que transcurrir para que Charly y sus compinches reaparecieran sobre el escenario ante la algarabía de la gente. La garganta de García terminó por quebrarse con “Canción para mi muerte” de Sui Generis, mientras que el recinto era un solo de emoción desbordante. La otra mitad del recordado dúo, Nito Mestre, brillaba por su ausencia pero el público a voz en cuello pudo sustituirlo y no dejó de cantarla.

No se puede negar que el paso de los años y los excesos le han pasado factura al hombre del bigote decolorado. Pese a ello, a la salida del Jockey se sentía una satisfacción en los rostros que seguían aún contagiados por las letras y melodías del veterano ídolo. Como bien dicen, a veces la genialidad no está en saber todo sino en saber rodearse de los mejores para “robarle” lo mejor a cada uno. Y eso fue lo que hizo Charly: dar lo mejor de sí hasta el último aliento y saber aprovechar el talento de sus músicos para ofrecer un show memorable de principio a fin. Total, es parte de su religión dejar huella en cada una de sus presentaciones.

Terra