Música

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16 de septiembre de 2012 • 07:26

El centenario de John Cage, a través del amigo brasileño del compositor

 

Durante sus últimos años John Cage abrió su vida al artista brasileño Emanuel Dimas de Melo Pimenta, que ahora comparte algunas de esas experiencias en una muestra que conmemora el centenario del músico estadounidense.

A pesar de que cambió las normas de notación musical establecidas 700 años antes y de que aún causa controversia con sus obras de música aleatoria o de influencias orientales, "no es un artista muy popular" reconoce Pimenta, comisario de la exposición "John Cage: 100 años", abierta esta semana en Lisboa.

Y aunque la faceta más conocida de Cage (Los Angeles, 1912-1992) sea la musical, esta muestra, con imágenes de fotógrafos como el italiano Roberto Mazzotti o el inglés Hans Wild, destaca otros aspectos del artista y las relaciones que cultivó a lo largo del mundo.

Con la exposición abierta hasta el 12 de octubre, la capital portuguesa se ha sumado a Barcelona en las actividades del centenario del músico, según explicó a Efe Pimenta, que acaba de regresar de la ciudad española, en la que se exhiben también sus imágenes.

"No se trata solo de traer su música, sino de compartir su pensamiento", explica el autor de la única serie de fotografías conocidas del "loft" de Cage en Nueva York, también expuestas de manera parcial en esta muestra.

El artista multidisciplinar y arquitecto brasileño recuerda que hizo aquella sesión fotográfica para plasmar la idea fundamental de la visión del músico: "Tomar conciencia de lo que nos rodea y de lo que somos".

Fue una "introducción" gráfica en el piso de Cage y su pareja Merce Cunningham, que ahora recrea la exposición con recursos inusitados.

Olores de los condimentos con los que el artista cocinaba -a los ojos del amigo otro "signo de su sensibilidad"- y algunas de las plantas de las más de doscientas que poblaban la casa del músico, están ahora desperdigados por la sala de la exposición, en la galería del banco BES en Lisboa.

Entre otras facetas del estadounidense, se puede apreciar la musical a través de la partitura del "Aria" dedicada por Cage a la soprano Cathy Berberian -de rompedores grafismos y comentarios- y de dos grabaciones de sus composiciones.

La música solo es audible por aquellos que visiten el cuarto de baño del recinto, incorporado así al espacio de la muestra.

En la apertura de la exposición, Pimenta interpretó, en un piano blanco que domina la sala, la obra más conocida de Cage, "4'33"".

Ese título alude al tiempo que un músico debería permanecer callado y sin usar instrumentos para permitir al espectador "escuchar" el silencio.

La memoria de Cage llena también las paredes a través de citas de sus escritos y de un vídeo realizado en 1986 por la artista plástica Regina Vater.

El público puede hacer sus propias aportaciones a la muestra sobre la vida, obra y pensamiento de Cage gracias a los papeles y carboncillos dispuestos en una mesa, que invitan a dejar algún testimonio o una simple marca.

La interactividad de la exposición guarda un regalo final al visitante, libre de llevarse alguna de las piedras amontonadas en el suelo y emular así uno de los rituales del artista en cuantos lugares visitaba.

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