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 Noel Gallagher's High Flying Birds (Sour Wash Records, 2011)
02 de noviembre de 2011 14:39

 Foto: Sour Wash Records


Foto: Sour Wash Records

Arturo Puescas

Tras la desaparición de Oasis, podemos decir que Noel Gallagher ha superado a su hermano menor Liam en ciertas cosas. En primer lugar, Noel no adelantó detalles de su placa debut en solitario ni se atrevió a compararla con la obra cumbre de su anterior empresa (“Definitely Maybe”). Más bien se tomó el tiempo necesario para que el polvo se asiente, las heridas cierren y las cosas fluyan al natural y sin apresurarse en sacar lo primero que se le ocurriera por mero despecho. Pero lo más importante es que el ‘Big Brother’ reunió 10 de sus mejores piezas de los últimos 15 años y las envasó para recordarnos por qué es considerado uno de los grandes compositores de la historia reciente del rock británico.

“Noel Gallagher’s High Flying Birds” es, sin temor a equivocarnos, el mejor disco en el que interviene Noel Gallagher desde “(What’s The Story) Morning Glory?” (1995), esa ambiciosa apuesta lanzada a mitad de los noventa que multiplicó las virtudes del mal llamado movimiento Britpop. Su disco debut en solitario es un documento lleno de arreglos melódicos, letras optimistas y solvencia pop.

Desde el inicio con “Everybody’s On The Run”, Gallagher canta “When you can’t fight the felling/And all is the same and the pouring rain…”, como si estuviera subido en lo alto de una montaña, explotando el reverb que anuncia su regreso. El primer surco del disco es puro nervio: Cien músicos hacen lo suyo en una orquesta apoyada por un coro, mientras que Noel ejecuta una interpretación sin guardarse nada. El track nos hace recordar la facilidad del británico para tejer melodías y crear himnos.

“Dream On” es radiable, pegajosa y traviesa. Su letra que dice “Dream On, was that songbird singing?/Shout it out for me, shout it out for me!” se queda pegado en la cabeza con facilidad. Para “The Death Of You And Me”, Gallagher no tuvo reparos en revisar y extraer ideas de uno de sus clásicos finales con Oasis (“The Importance Of Being Idle”). Acostumbrado a las odiosas comparaciones, ¿qué más daba si la crítica hacía un paralelo con su propio trabajo? “The Death Of…” es una pieza que fluye y es digna heredera de la escuela de The Kinks y The La’s, dos bandas referenciales para Noel.

“If A Had A Gun”, la pieza más Oasis de todo el disco, es un calco de “Wonderwall”, con partes serenas y envolventes, y  algunos chispazos del álbum “Standing On The Shoulders Of Giants” (2000). Después de todo, Noel nunca ocultó su facilidad para hacer canciones con un mismo acorde y de eso se jactó durante todos estos años.

Para este disco, Gallagher sacó provecho de algunas canciones que no pudo grabar al lado de Oasis y una de ellas es “(I Wanna Live In A Dream In My) Record Machine”. Aquí, nuevamente, los coros aparecen y envuelven, mientras Noel susurra versos acompañado por chelos y violines. “AKA…What A Life” es el primer intento dance en la historia de Gallagher desde sus colaboraciones con The Chemical Brothers. El sencillo intenta recrear la embriagante escena de Manchester de finales de los ochenta. El piano crea un mantra alrededor de la canción y las performances vocales del compositor se lucen más que nunca. Por momentos esperamos un cambio de ritmo hacia algo más agresivo, pero no sucede, sin embargo, el tema funcionaría en una noche de fiesta, sin duda.

“Soldiers Boys And Jesus Freaks” es una canción con temática política y transita por una línea de trompetas, vientos y percusiones evocadoras de ambientes militares, que el músico no se había permitido en Oasis. “AKA… Broken Arrow“ pinta para sencillo gracias a ese groove despreocupado y los coros explosivos que solemos encontrar en canciones manufacturadas por este inglés de 43 años. “(Stranded On) The Wrong Beach” sirve como puente hacia el final del disco con esa creciente percusión envuelta en teclados y mellotrones.

Curiosamente el disco termina con su mejor canción: “Stop The Clocks”, que, pensamos, debió ser para Oasis y la voz de Liam Gallagher, pero Noel la grabó para él mismo. El resultado final ha sido magnífico: Mucha música, harta psicodelia, grandes arreglos, voces dobladas y un clímax final parecido a los minutos finales de “A Day In A Life” de los Beatles. 

“Noel Gallagher’s High Flying Birds” es el nuevo proyecto del músico británico y creemos que se ha ganado un lugar para ser seleccionado entre los mejores discos del 2011. Y todo gracias a las canciones, el difícil arte de hacer canciones, esas que llegan a significar algo en la gente y que finalmente se convierten en la gente.

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Terra