Cine

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23 de mayo de 2012 • 08:45

Ovación y abucheos para la radical "Holy Motors" de Carax y con Kylie Minogue

 

El francés Leos Carax llegó hoy a Cannes acompañado de la polémica con "Holy motors", una película radical en su planteamiento y que provocó tantas alabanzas como críticas para una historia sobre un personaje que viaja de vida en vida y que, en una de ellas, se encuentra con Kylie Minogue.

De "extraña", "horrible" o "tomadura de pelo" fue calificada por algunos periodistas, mientras que otros la consideraban "sublime", "una obra maestra" o "inmensamente fascinante".

Todo tipo de calificativos para una película que participa en la competición oficial de Cannes y que ha dividido totalmente a los periodistas especializados que siguen el Festival y cuyo realizador ha contribuido, a su manera, a esa polémica con una actitud huidiza, provocadora y desafiante durante la rueda de prensa de presentación.

Un único actor, Denis Lavan, interpreta a una decena de personajes. Los mismos por los que transita durante una jornada de trabajo en París. Porque su trabajo es transformarse en todos ellos y no ser ninguno.

Desde una anciana gitana que pide en un puente a un banquero, pasando por un moribundo, el señor Óscar (Lavan) se cruza en su camino con gente de todo tipo, entre las que están Eva Mendes o la cantante australiana Kylie Minogue, que interpretan pequeños papeles.

El realizador de "Los amantes del Pont-Neuf" y de "Pola X" ha puesto en pie una historia complicada y difícil de entender, con una estética extrema y escenas desagradables, en la que la incomprensión se instala como característica principal.

Una película en la que Carax colabora por primera vez con Minogue, a la que conoció hace un año. "Es una de las mejores cosas que me ha pasado con este filme, conocerla".

Minogue calificó la experiencia de trabajar con Carax de "maravillosa" y recordó que cuando conoció al director, creía que quería que cantara en la banda sonora del filme, no que apareciera en él.

Pero tuvo la ocasión de combinar ambas cosas y de ser acogida en la familia que forma Carax en los rodajes. "Todo el equipo fue muy tierno conmigo. Y yo participé con ternura y emoción". Lo que no supone que quiera continuar con su carrera como actriz, algo que no tiene muy claro.

Una película difícil para el gran público, aunque eso es algo que no le importa a Carax, que no busca comercialidad.

"No hago los filmes para el público, son películas privadas que hago para enseñar sólo a algunas personas", explicó el director, mientras rechazaba contestar algunas preguntas, mascaba chicle y mantenía una actitud displicente.

Apenas dijo nada de la colaboración de Eva Mendes - "tenía una proyecto con Kate Moss que no se hizo. Me crucé con Eva Mendes en un festival"- y daba respuestas escuetas y cortantes.

"No había guión al principio, sólo unas notas que luego se concretan en un guión. Y luego la vida entra en el filme", explicó Carax de una historia en la que se mezclan personajes extraños y solitarios en el trayecto paranoico del protagonista, que realiza en una limusina.

Una historia que partió de la imagen de una anciana gitana que pedía en un puente de París y a la que Carax veía cada día desde hacía años. No había ninguna posibilidad de comunicación con ella pero su imagen se le grabó y cuando entraba a algún baño se imaginaba a sí mismo transformándose en esa mujer.

Luego, poco a poco, Carax fue imaginando "una especie de solidaridad entre los personajes", a lo que añadió el protagonismo de la limusina en la que viaja el protagonista, con ese "motor sagrado" al que hace ilusión el título.

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