La artesanía mexicana pide ayuda ante los embates de una economía globalizada

 

La artesanía popular mexicana reclama protección institucional ante amenazas crecientes como la competencia de los productos de fabricación industrial que la imitan, la crisis y la inseguridad que afectan al turismo, y la falta de jóvenes dedicados a esta labor, denunciaron hoy artesanos.

Durante un foro sobre la protección de la artesanía organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), creadores y expertos venidos de todo el país pusieron sobre la mesa los principales problemas a los que se enfrenta una forma de producción ancestral que ha pasado de padres a hijos durante generaciones.

"Estamos preocupados por la situación de los artesanos. Seamos indígenas, mestizos, pobres o ricos, la ley nos tiene que amparar y proteger a todos por igual", declaró el artesano Domingo Martínez.

Responsable del área de capacitación en el manejo de hornos de leña en su comunidad natal, San Miguel de las Ollas, en la sierra norte del estado de Puebla (centro del país), Martínez explicó que más del 80 % de las familias en esta población rural viven de la artesanía.

Precisó que la competencia que sufren por la venta de productos extranjeros de imitación y fabricación industrial se une al aumento del número de artesanos tras la incorporación de numerosos campesinos a raíz de la disminución de los ingresos del campo.

A esto también se refirió Moisés Ramírez, alfarero de profesión, quien recordó que mientras en la década de 1980 había grandes producciones de maíz y frutales para garantizar el sustento diario de las familias, ahora el campo mexicano tiene que competir con el de Estados Unidos y sus producciones tecnificadas.

"El campesino se está convirtiendo en artesano por las circunstancias del campo, y el que haya mayor número conlleva más materias primas para abastecernos y mayor competencia", indicó.

En el foro también participó Martha Turok, antropóloga e integrante de la Asociación Mexicana de Arte y Cultura, quien advirtió que las complicadas condiciones que vive el sector ya están repercutiendo en el abandono de los oficios artesanales entre los más jóvenes.

Indicó que un 80 % de los artesanos en la actualidad tienen entre 30 y 80 años, lo que significa que en las últimas décadas se ha dejado de incorporar como mínimo una generación a esta profesión, que a su juicio enfrenta una "carrera contra el tiempo", y que puede acarrear "la pérdida de la identidad cultural y étnica del país".

"Los mismos artesanos dicen que quieren que sus hijos sean alguien en la vida, lo que significa que la profesión no tiene el suficiente reconocimiento social. El sistema educativo debe reconocer el trabajo y valorarlo para que no se pierda", aseveró.

Para proteger esta forma de producción, Turok consideró necesario acotar los sistemas de trabajo que deben ser preservados pues, dijo, "existen demasiadas concepciones".

"Muchas veces se trabaja en familia, pero también surge el taller del maestro artesano independiente, luego vemos cómo el capital ha influido en la reorganización de los procesos productivos y ha creado la organización horizontal o la fábrica humana; asimismo está el pequeño taller artesanal y la manufactura", detalló.

El ponente Juan Manuel Oliveras, miembro del Centro de Estudios Alfareros de México, abogó por la "unión" de los artesanos por una legislación que impulse el derecho de los creadores a la libre asociación y que conciba los derechos humanos como eje rector de las políticas para establecer condiciones básicas de trabajo.

El artesano Mario Agustín, especializado en el tratamiento del maque, distintivo del estado de Michoacán, señaló que ser artesano es un trabajo "de día y de noche" porque "por la mañana lo llevamos a cabo, pero por la noche estamos imaginando cómo lo haremos".

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