Cine

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09 de noviembre de 2012 • 11:20

Filme paraguayo de acción emociona y desafía

El actor Celso Franco, protagonista de la película paraguaya "7 Cajas", posa para un retrato en Asunción, Paraguay, el 26 de octubre del 2012.
Foto: Jorge Saenz / AP
 

Una nueva película de acción sobre un joven repartidor pobre cuya vida depende de la misteriosa carga en su carreta tiene al público paraguayo emocionado y orgulloso de ver su dura realidad por primera vez en la gran pantalla.

Pero "7 Cajas", rodada en un caótico mercado en esta capital de Suramérica, también ha creado indignación, pues exhibe aspectos obscuros de la sociedad paraguaya: una sofocante mezcla de negligencia de las autoridades, indiferencia en la sociedad, corrupción policial y crimen organizado que mantienen a la mayor parte de la población en la pobreza.

"A mí me encantó. Sólo que nos resulta duro ver algo que es tan difícil y común para nosotros al mismo tiempo, y que preferimos esconder", dijo la arquitecta Antonella Cantero, de 30 años.

Es una rara mezcla de emociones para aquellos que no están acostumbrados a ver ninguna representación cinematográfica de todo su país. La industria del cine es virtualmente inexistente en Paraguay, donde las películas estadounidenses dominan los menos de 15 teatros, la mayoría en la capital de Asunción.

Es como "Rápido y furioso en carretas", describió un crítico a "7 Cajas" en referencia a la serie de cintas de acción hollywoodense enfocadas en robos y persecuciones por las calles. Ha sido aclamada en festivales, ha agotado las entradas en los 15 cines del país y pronto sería distribuida internacionalmente.

El filme, que ha llevado a comparaciones con "¿Quién quiere ser millonario" por el modo en que lleva al público a apoyar a un chico de un barrio pobre, se centra alrededor de Víctor, un joven repartidor convocado por un pillo a llevar una misteriosa carga de cajas a cambio de 100 dólares, una fortuna para cualquiera en los bajos barrios de un país donde las personas en extrema pobreza ganan menos de 2,5 dólares al día.

"Atendé bien chiquilín. Son siete cajas que tenés que cuidar como tu vida. ¿Entendiste? Cuando las cajas vuelvan otra vez, te voy a dar la otra mitad", le dice el pandillero rompiendo el billete de 100 dólares en dos.

Las cosas rápidamente se complican en los pasillos obscuros por los que Víctor pronto corre por su vida, huyendo de criminales y de policías.

La acelerada película tiene toques cinematográficos que parecen salidos de Hollywood, pero también posee la autenticidad de haber sido filmada en las locaciones originales con una cámara relativamente económica y un presupuesto de sólo 650.000 dólares.

Fuera de los personajes principales, casi todos los que aparecen en el filme viven o trabajan en el Mercado Municipal No. 4, un enorme conjunto de carpas, casuchas y corredores en el centro de Asunción donde se vende de todo, desde productos legales hasta fruta contrabandeada, celulares robados, DVDs piratas y drogas ilegales. Los personajes hablan jopara, una mezcla entre español y guaraní, las dos lenguas oficiales de Paraguay.

Los directores Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori dijeron a The Associated Press que querían hacer una película entretenida, no enviar un mensaje social.

"Como objetivo primario no", dijo Maneglia. "De verdad no era mi intención reflejar la realidad de la película totalmente fiel a nuestra realidad; quería que sea entretenida y que tenga un mensaje interesante".

Pero Celso Franco, el actor debutante de 23 años que interpreta a Víctor, ve las cosas diferente.

"Es como una denuncia", dijo. "Estamos tan cansados de ciertas cosas, queremos demostrar y que vean la realidad".

"Es una muestra de cómo estamos viviendo ahora en Paraguay y sabemos que le llega a la gente que está en el poder y por lo menos va a sentir algo de culpa, el que está ahora puede cambiar ciertas cosas", agregó el actor. La película "refleja mucho lo que es no solamente el mercado sino el país. El mercado es un reflejo del país".

En la vida real, Franco tuvo que superar sus propios obstáculos económicos: lo crió su abuela en el campo paraguayo después de que sus padres emigraron a España para enviar dinero para él y sus hermanos.

Esa es una realidad que enfrenta la mayoría de los 6,5 millones de habitantes de Paraguay. Mientras el aumento en el precio de la soya ha impulsado el PIB tres años consecutivos, una minúscula clase alta se ha quedado con toda la riqueza. Desde que la dictadura de 35 años terminó con un golpe de estado en 1989, los gobiernos democráticos no han podido acabar con la pobreza en la que vive el 55% de población, 31% en pobreza extrema, según la Organización de Naciones Unidas.

La distribuidora internacional Shoreline Entertainment tiene previsto llevar el próximo año "7 Cajas" a distintos países alrededor del mundo, con lo que muchos tendrán una primera impresión profunda sobre Paraguay. Algunos ciudadanos consideran que esto debería motivar a la élite a mejorar la situación en la que vive la mayor parte de la sociedad local.

"No entiendo por qué la gente sale tan alegre como si fuera una comedia, siendo que la película es una denuncia social de lo que ocurre en nuestro país de inicio a fin", dijo Silvia Mongelos, una ingeniera de 31 años.

Pero el director dijo que "es una responsabilidad demasiado grande" preocuparse por lo que la gente pensará del país afuera de Paraguay tras ver su cinta.

El vicepresidente de Shoreline, Sam Eigen, coincide.

"Antes de enfocarse en cualquier asunto social o de relacionarse con cualquier situación en particular en Paraguay, la sensación después de ver la cinta es que su prioridad principal es ser entretenida", dijo.

Los realizadores de "7 cajas" obtuvieron fondos del gobierno y fundaciones culturales de Paraguay, y de un banco privado, pero aún así se quedaron cortos hasta que ganaron el premio "Cine en construcción" en el Festival de Cine de San Sebastián, España, de 100.000 euros (128.000), y con esto pudieron terminar el filme de bajo presupuesto.

La cinta terminada ganó el Premio Euskaltel de la Juventud este año en el mismo festival y el premio a la mejor película de drama en el Festival de Cine de la Isla de Cockatoo en Sydney, Australia. Sus funciones se agotaron rápidamente en el Festival de Cine de Toronto en septiembre, donde Shoreline Entertainment compró los derechos internacionales para su distribución.

"Lo que vivimos en Toronto fue tan hermoso", dijo Schembori. "La gente no paraba de aplaudir, algunos con lágrimas en los ojos".

"7 Cajas" no está este año entra las 71 películas que luchan por una nominación al Oscar a la mejor cinta de lengua extranjera. Por su falta de experiencia, los productores y la Secretaría de Cultura se perdieron la fecha límite para enviarla a la Academia.

Tras haber vendido un récord de 300.000 boletos desde que se estrenó en agosto, los productores planean recorrer el país y presentar el filme en iglesias y ayuntamientos ante personas que nunca han visto una película en pantalla grande.

También planean organizar una función en el mercado donde se filmó, para cumplir la promesa que le hicieron a los trabajadores allí.

"Ellos sienten que es su película", dijo Shembori. "Esta es su película".

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